lunes, 27 de julio de 2009

¿Cómo?

A penas uno va desprendiéndose del miedo a la Muerte cuando los acontecimientos misteriosos de la Vida nos traen de nuevo esa sensación imposible de amor perfecto y temible pavor.

¿Cómo no querer solo vivir para protegerlo, cuidarlo, y ser todo de él, tan pequeñito, tan indefenso, tan hermoso y único como más nada en el universo, pedacito de ti, prolongación de tus días, sangre de tu sangre?

¿Cómo no temer que por infortunio terminen tus días y no estés ahí para escucharlo decir tu nombre, acompañarlo en su camino, procurarle atenciones, colmarlo de besos, curarle las raspadas en las rodillas y verlo llorar cuando las heridas sean del corazón?

¿Cómo no temer por tu muerte, si lo único que quieres es vivir para saberlo feliz?

lunes, 20 de julio de 2009

Veintidós



No creas que no lo recordé. El sábado 18 de julio cumpliste 22 años.

Nunca de mi corazón hubieron surgido sentimientos tan tristes e inexplicables como ese día, y la sobra que enmarca mis ojos hace evidente que no se han ido, que por mucho tiempo no se irán. Aun quedan muchas cosas por decir, pero estoy segura que este no es el mejor momento para hacérnoslas saber por ninguno de los medios convencionales que conocemos.

Solo te puedo, apenas sugerir, que busques la felicidad donde sabes que se encuentra.

Van para ti los mejores deseos, los albores, la ráfaga y cariño que mi alma alberga para tu persona.

miércoles, 1 de julio de 2009

No preciso exigencias

¿Qué si preciso exigencias para poder escribir de amor?
Sépase que el amor mío se ha vuelto inmune a pretensiones ajenas.

Porque es lo que tanto anhelo, por lo que siempre rezo,
y me basta sumergirme en él,
para que con besos y burbujas
mi luna vea su propia luz.

Porque escribo desde mi profunda entraña,
desde mi minuto vientre salado
y con las manos desesperadas;
porque así como fuerte odio
mucho más y mejor amo.

Porque me da por suspirar, y ya no respiro,
dejo de imaginar, mejor lo miro,
y decidida vivo en plural desde
que la palabra “vamos” no se puede detener,
libre ahora de la dictadura del Tiempo.

Porque amo desmesuradamente
aquel mundo que es tan imprevisto como imprescindible,
con sus dosis armónicas e inagotables de
inmensidad y agonía,
de mesura color bugambilia,
de amistad sabor a abrazo.

Porque ya no hay vuelta atrás,
y para que este amor se inmortalice
no necesita más que huesos, carne y voluntad.