lunes, 8 de agosto de 2016

Hasta la raíz

Estoy inquieta. ¿Me llamaste con el pensamiento o algo por el estilo? ¿Pensaste intensamente en mí o acaso mi recuerdo pasó por tu mente?

Es que soñé contigo y tú sabes que los sueños para mí son brutales. 
Desperté abrumada, literalmente temblando. Fue la madrugada del sábado.
Quería destruir el mundo. Los primeros minutos al despertar, el tiempo que me toma descubrir frustrada que ha terminado el sueño, son como para perder el juicio.
Porque desearía quedarme un poco más, onironauta por una vez tan siquiera, y vernos por fin a los ojos y despedirnos en paz.
Pero no puedo y me dan ganas de llorando, gritar rabiosa y solo puedo apretar impotente los dientes y sufrir en silencio.
(Mea culpa, lo sé)

¿Te ha pasado?
Hace mucho que no soñaba contigo, tal vez un año, quizás un poco más.

¿Estás bien?
En cuanto pude busqué en mi correo si acaso había algún mensaje tuyo, algún llamado urgente. Nada.
"Estalkie" a Natalia, investigando novedades, alguna pista delatora pero todo parece estar afortunadamente en orden.

Seguro fue mi conciencia acusadora, no sé.
Me mantuve ocupada. Hasta hoy recordé tu blog. Hay una entrada el 5 de agosto. Hablas de sueños. Justo la madrugada de un día antes que mi sueño.
¿Coincidencia?

La mayor parte del tiempo estoy bien y me tranquilizo pensando en que tú también lo estás. Me digo a mí misma: cada uno, con su cada cual, estamos felices y somos plenos. Volvimos a amar.

Pero otros días, como estos, no sé lidiar con la carga.
Esa dualidad en mi mente y corazón. Si pienso en ti, ¿lo traiciono a él? Y escapar de ti, perderme para ir con él, ¿no constituyó acaso una traición también?. ¿A quién le estoy fallando más: a ti, a él, a mí o a Dios?

Puede que esa incógnita, vivir en la incongruencia, sea lo que me está enfermando. Tengo que resolver esto, acomodarlo en algún buen lugar para no dañar más a nadie. Son casi siete años los que lleva oprimiendo mi corazón ese peso.

No te he olvidado.

Pero me siento amada por él. Feliz la mayor parte del tiempo e inmensamente agradecida con Dios por -a pesar de todo- darme un buen marido y buen padre para mi hija. Aunque lo creí imposible, me volví a topar con un gran hombre. (Perdón, siento que siempre te digo lo mismo). 
Sin él saberlo, me ha llevado tomada de la mano a recorrer parte del camino que en el ámbito de los sueños compartidos, tracé contigo, y por increíble que parezca los ha hecho realidad. Yo de ninguna manera quiero que llegue el día en que tenga que subir una escalera para ir a rescatar al loro huidizo. Por si las dudas, deliberadamente no tengo loro, ni escalera, ni árbol de mango. Y no quiero romperle el corazón y hacer que se vaya porque ya no concibo la vida sin él. Sin lo que construimos juntos.

Pero heme aquí pensando en ti. Escribiéndote, esperando que algún día, por casualidad leas esto.
No escribo a tus correos porque de hecho no sé si pueda ocasionarte problemas. Es lo último que quiero.

Aunque a veces no te recuerde, sigues viviendo en mí.
Muchas canciones suenan en mi mente con tu voz y muchas historias las termino leyendo con tu hermosa y única caligrafía. Incluso con la que es apresurada e indescifrable a primera vista. Nunca faltan el montón de aquellas pequeñas cosas.
Sé que soy quién soy en buena medida por haberme topado contigo, por todo lo que vivimos, escribimos y dijimos. Por lo que soñamos. Lo que compartimos.
Y, aunque he crecido, madurado y cambiado bastante ahora con él, hasta el día en que muera vivirá algo de ti en mí.

Te llevo en mi raíz.

Veo a tus hijos hermosos, tan grandes ya. ¡Cuánta nostalgia! A los más pequeñitos, tan preciosos. Pedacitos de ti que me provocan infinita ternura.
Y finalmente contemplo con reverencia a la inmensa Natalia.
Sé que no puedo competir con ella. Ni intento hacerlo, por supuesto. La veo como si fuera La Pilar que siempre esperaste: fuerte, inteligente, guerrera, madura, plena, bella como ella sola... Realmente un pilar. No una mariposa, veleidosa, luciérnaga huidiza, forastera. Como yo.


Ya no espero mucho de la palabra "nosotros" que ha sido borrada de a poco con el tiempo.
Solo aspiro a vivir un poco en ti, como tú vives en mí.




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