martes, 27 de septiembre de 2016

Universo paralelo No.1





Anoche tuve el sueño más extraño que recuerde (por ahora).

Yo era una especie de mujer seductora que trabajaba como geisha latina, o algo así. No me pareció que fuera tan terrible desempeñarme en ello porque todo estaba decorado primorosamente y los "clientes" o lo que fueran, eran de lo más amables. Sin embargo, trabajaba por dinero y "no por amor al arte" para mantener a mi hija, porque era madre soltera y supongo que fue por esa razón que tuve que volver a vivir a mi casa, con mi mamá.

La situación se volvió insostenible porque me ví obligada a buscar la ayuda de los abuelos de la niña. Y después de solicitar su presencia en una carta ¿a que no sabes quiénes aparecieron? Los Nonos. Sí, tus padres. (Fue tanta mi sorpresa cuando ellos aparecieron que casi me despierto)

La Nona estaba muy alterada, parecía como si hubiésemos tenido problemas antes, porque me reclamaba cosas extrañas. Yo sólo lo atribuía a que quizás estaba pensando en alguien más, o que me había olvidado después de su derrame (¿eso fue lo que le pasó? Es decir, en la vida real). Pero el Nono estaba muy serio. Se veía molesto, incomodo por el encuentro, pero sereno. Al final, dejaron los problemas del pasado atrás (cuales quiera que hayan sido) y acordaron ayudarme con la manutención de la niña y empezar a visitarla

Pero no apareciste en el sueño, ni supe que había pasado con nosotros.

Después hubo una boda. Mi hermana se casaba pero con su primer novio! (No sé a qué hora se divorció, porque de hecho él ahora está casado o ¡tal vez serían polígamos! cualquier cosa puede pasar, ¿cierto?). Fue una boda mexicana pero como las que se ven en las películas gringas: todo polvoriento, con muchos invitados y todos vestidos como rancheros del tiempo de la Revolución  Mexicana. Se veían tan felices y todo mundo estaba ahí, hasta los Nonos.

Menos tú.
Y textrañé


lunes, 26 de septiembre de 2016

Mi hermana, mi sangre


Resultado de imagen para cuando alguien se va el que se queda sufre mas




¿No le pasa que mientras nos comunicamos por el mensajero, parece que no somos los mismos?
Es extraño.

Pero te leo, en tu blog, y me pareces el de toda la vida.


Hay algo que quiero contarte.
Por ahora es mi mayor preocupación y la razón principal de mis desvelos.

Mi hermana, de 23 años, se va a casar.
Con un extranjero.
Que vive en su país de origen.
Su relación ha sido mayormente a distancia.
Él es mayor que ella.
Divorciado, sin hijos.

Claramente reconozco la historia.

Ella es precursora, es decir, dedica 70 Hrs al mes a predicar y conducir estudios. Y la veo disfrutar inmensamente de hacerlo. No es como si fuera un trabajo o una obligación, es lo que aparentemente le dá sentido a su vida y la hace feliz (más adelante le explicaré porqué "aparentemente"). Hace un par de años se iniciaron rutas de predicación en Centroamérica -financiadas por los mismos precursores que desearan participar- y ella estuvo en Honduras, un año después en Guatemala y otro año más tarde alternó un mes y medio en Honduras y otro mes y medio en Guatemala.

Conoció a su futuro esposo durante su estancia en Honduras del último viaje. Se vieron en total cinco veces. Volvió decidida a irse. No importó cuantos ni cuánto intentamos razonar con ella, apenas hace unos meses nos informó que el matrimonio se haría en agosto. Mi mamá sólo logró ganar tiempo y la boda se aplazó hasta noviembre de este año.

Ha sido desgastante. He visto a mi madre consumirse de a poco en la lucha por retener a su hija, de protegerla de lo que, desde su experiencia, parece un desastre inminente. Impotente, he contemplado  a mi hermana atrincherada en su postura de que nada ni nadie la hará cambiar de opinión, porque ella jura y perjura que su fuente de felicidad está allá, lejos de su familia con alguien que -para cuestiones prácticas- es en realidad un desconocido. Y los rasgos que nosotros encontramos obvios y nos alarman, ella no los ve, o los admira o los considera de poca importancia. (Con la sinforosidad que heredamos de nuestro padre, atribuimos poderes milagrosos al amor, que personificamos en nuestras parejas. Ella, cuando no tiene novio, vive frustrada, infeliz. Y eso que nunca ha tenido ni una sola relación saludable y normal que le de felicidad, si acaso por contados momentos. Ni el servicio a Dios le satisface plenamente, lo cual, sobra decir, es muy triste).


Llegando a este punto, tú sabrás que secretamente la entiendo y hasta un poquitín la envidio.

Yo no pude ser tan terca, tan desapegada. Ni tan egoísta (¡Y no sabes cuanto quise ser egoísta!) Yo no fui capaz de cortar el cordón umbilical tan de tajo. Apenas me di cuenta de la magnitud de mis proyectos, de la inmensa cantidad de kilómetros que me separaría de mi sangre, apenas vi el miedo en la cara de mi madre al saber que -desde su óptica- estaría mostrando más apego a un desconocido que a ella que me había amado incondicionalmente toda mi vida, apenas pasó eso y volé nuestros sueños, un castillo de naipes, con la ráfaga mortal de mi despedida.


(Siempre te voy a pedir que me perdones por eso, aunque me digas que no te debía nada. Fallé a mi palabra, rompí mis promesas, estoy consciente de ello)


Ella no ve las cosas como las ví entonces y mucho menos como las veo ahora.
Yo estaba huyendo de tantas cosas, como tú huías de tanto cuando te fuiste a Arica. Mi relación con mi hermana tenía demasiados roces, odiaba a mi padre, estaba resentida con mi hermano por haberse ido con el, y con mi madre había estado en un estira y afloja con su absorbente amor pero tan irritantemente controlador que solo pensaba en no tener que sentirlo más y poder, finalmente, respirar lejos de su sombra. Me había topado con jóvenes que parecían tener potencial para amarme pero que me habían decepcionado tanto y sólo me dejaron la sangre en ebullición atrapada bajo mi pellejo, sintiéndome todo el tiempo sola, incomprendida, juzgada... Y entonces, te conocí a ti.

Me deslumbraste, simplemente.
Apenas entraste a mi vida y me enamoré de tu historia, de tu cultura, de tu poesía cotidiana, de tu corazón de tormenta (de tus ojos verdes, tus pecas y tu barba rojiza). Y dejaste que te descubriera más profundamente. Entonces destruiste cada una de mis aspiraciones y las subiste de nivel. Cambiaste mis parámetros de lo bueno, deseable, admirable, de lo ideal. Y lo sublime cobró para mí otro significado. Tantos sueños compartidos, todo lo que me enseñaste, lo que me hiciste crecer... Y cuando La Verdad entró en el cuadro, parecía que no podía pedir más. Yo apreciaba todo ese conocimiento bíblico, pero compartirlo contigo y ver la forma en que tocaba tu corazón, me hizo que amara profundamente todas aquellas perlas valiosísimas, ese tesoro incalculable que por años dí por sentado. Experimenté junto contigo un gozo único.
Sentí entonces que solo quería vivir para nuestra luz. 
Y que el mundo entero rodara: tu ex, mi madre, mi vida, mi sangre, tus responsabilidades. 

Cuando pienso en eso,  por un segundo, veo en mi hermana lo que viví.

Pero en lo demás, no la entiendo ni tantito. Él no es una persona como tú. Dejemos totalmente a un lado el físico y centrémonos en el corazón porque de atractivo yo le encuentro un "0" (cero). Es mi hermano espiritual y trato de no ser despectiva ni prejuiciosa, pero evidentemente hay un abismo entre ustedes. Él nació en la sierra hondureña y cierto que se ha superado porque es hermanito desde pequeño y ya sabes cómo Jehová nos educa, pero es un hombre que no terminó ni la secundaria, trabaja intermitentemente en la construcción y -aquí viene lo malo- no tiene ni un ápice de modestia y humildad. Lo que he oído de su boca es puro orgullo, soberbia, y hasta destellos de un individuo posesivo y manipulador en potencia (que conste que conociendo a Jah eso está muy mal y no debería suceder, pero todos somos imperfectos, por ejemplo: la que escribe, potencialmente infiel). Parece que la traición de su primera mujer fue el motivo del divorcio. Pero tú y yo sabemos -ahora lo sé- qué un matrimonio es de dos y difícilmente colapsa por una sola persona. "O hiciste algo o dejaste de hacer algo", ahora dice mi marido después de haberlo asimilado para provecho de nuestra unión. Este hombre no tiene más nada que ofrecerle a mi hermana, solo su "amor". Como si de amor se pudiera vivir, nada más. "Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana" reza el dicho. No tenemos ni siquiera la certeza de que ella pueda volver por sus medios a su país, una vez que se vaya. Por el antecedente de cero autoestima en mi hermana y sin un parámetro real de lo que es un bonito amor, y por los claros tintes de macho arcaico manipulador e inseguro de su novio, se está creando la formula perfecta para la tragedia. Y eso me aterra.

Entiendo que te puedas enamorar de alguien a distancia.
Entiendo que quieras dejar atrás tu pasado y sueñes con una vida nueva. 
Entiendo que, cuando se trata de hablar de sentimientos, uno termina enamorándose de quien le escucha, porque todo se idealiza y no hay hechos tangibles por los cuales ser juzgado, la mayor parte del tiempo al menos. 

Pero no entiendo que quiera dejar atrás su vida. En la congregación todas las hermanas la quieren mucho y se ha ganado la estima de los varones. Al menos del Salón para adentro, es como el modelo de hermanita que los hermanos buscan para esposa. Las cosas han cambiado mucho con respecto al tiempo en que estuvimos juntos. Las relaciones familiares han mejorado muchísimo. No tal como quisiéramos, pero hemos podido retomar poco a poco la relación con nuestro padre. Hasta nos ha pedido perdón por lo sucedido a cada uno de nosotros, incluso a mi mamá. Nuestro hermano regresó a la casa y ha sido un gusto que volviera a nuestra vida. Es un niño encantador (de 21 años) cariñoso, atento, empático y que sobre todas las cosas ama a Jehová y transmite ese amor. Mi mamá "le ha bajado dos rayitas" a su manía de querer controlar hasta nuestro peinado, sobre todo con mi hermana que desde siempre ha tenido un caracter irascible y no se le puede decir nada que no sea de su agrado sin que explote. Incluso entre mi hermana y yo las cosas habían mejorado muchísimo. Llegamos a platicar mucho sobre nuestros sentimientos, sobre como padecimos cada una de forma diferente la partida de mi padre -yo refugiándome en las relaciones poco castas con mis novios y ella dedicándose a Dios- y la admiré enormemente por eso. A mi vista llegó a ser lo que yo habría querido ser si hubiese sido más sensata, y se lo dije muchas veces. La apoyé en sus campañas de predicación, le di trabajo, la llevé y recogí de los aeropuertos... Y aun así quiere huir.

A mi mamá le quita una hija, a mi me deja sin hermana, y a mi abue de 81 años sin nieta, a mi hija sin tía. No piensa en la preocupación que le causa a mi madre (vive en un eterno "¿y si él la trata mal, y si se enferma, y si tiene un bebé, si no tienen para comer, y si...?),  no piensa que me quita lo mas cercano que tengo a una amiga cristiana, y que al irse renuncia a ayudar a mi madre para en un futuro, enfrentar el trance de la senectud de mi abue -que gracias a Dios por ahora sigue lúcida- e incluso ayudarnos a sus hermanos cuando nos toque  ese mismo trance con nuestros padres.

Además, ahora soy madre. Me pongo en los zapatos de quien ha sido mi incondicional y tan solo de pensar en que eso me pasara a mí con mi hija, se fragmenta mi corazón en mil pedazos. Y no porque los hijos nos pertenezcan, sino porque aunque sabemos que algún día eventual y saludablemente se irán de nuestro regazo, tampoco está en nuestro plan que se vayan tan lejos. Pues si llegan  a necesitarnos, como tantos años lo hicieron, ¿cómo podremos ayudarlos si no están cerca ? ¿cómo poder incluso saber si están bien, realmente?

Sólo me queda confiar en Jehová. Pedirle que le dé las armas para afrontar el destino que está escogiendo para sí misma. Y a nosotros que nos ayude con fuerza para sobrellevar su partida y cuales quiera que sean las consecuencias de su decisión. Porque "cuando alguien se va, el que se queda sufre mas".