martes, 4 de octubre de 2016

El Marido. 1era. Parte

Nota: Para proteger la identidad del protagonista, en lo sucesivo se le denominará "Tao" (Chi-en) al "Marido". ( Tao es un personaje clave en la novela "La hija de la fortuna" de la "bien amada" escritora chilena I.A., y también de la secuela "Retrato en Sepia") (por esta historia conocí Valparaíso y en consecuencia, a tí). Ayer pensé en usar  "Juvenal Urbino" pero odio la referencia.  Se recomienda ampliamente leer este post con un diccionario Mexicano-Español a la mano.

Conocí a Tao a principios del 2008, a meses de haber terminado con mi primer novio. Había escuchado tiempo atrás sobre él, pero sólo malas referencias (en el sentido de que era muy "creído" y "sangrón"). Fue de esas veces en las que percibes que le gustaste a la otra persona y la otra persona sabe que te gusta. Después, coincidimos un par de ocasiones y empezamos a comunicarlos con mensajes de texto. Salimos a charlar dos veces más. Noté que era un buen bailarín y conversador. Me atrajo de él su plática inteligente, apariencia agradable y buen humor. Todo pintaba bien.

Después desapareció.
Como él me había gustado muchísimo, empecé a frecuentar a sus amigos y conocidos con la esperanza de volver a encontrármelo "como quien no quiere la cosa". Pero nada. Parecía que se había desvanecido. (Hasta que fuimos novios supe que la desaparición no fue casual, pues advirtiendo la mutua atracción, comprendió que no estaba listo para algo serio. Además se dejó influenciar por otros factores chismes. Al final estuvo bien, aún no era nuestro momento).

Pero sabes que no soy muy afecta de perder el tiempo y mientras estaba en la búsqueda de Tao, volví a contactar por MSN con mi gran amor de la infancia (R.I.P. chat Msn). Él acababa de cortar con su novia y después de todo yo no tenía ningún compromiso con nadie así que vimos la oportunidad de realizar por fin nuestro amor de chiquillos. Por él abrí este blog y los primeros post iban siempre dedicados a él. (Ya conocía tu blog, de ahí la idea de abrir el mio).

Volví a toparme con Tao, después de medio año -más o menos- él regreso de su desaparición con toda la intención de recuperar el tiempo perdido, pero "too late, my friend", yo ya estaba ocupada.

Entonces empecé a comunicarme contigo. Pronto el individuo que fue mi gran amor de niñez se manifestó como un torpe mequetrefe que me frustraba infinitamente: su falta de carácter, su incapacidad de siquiera mantener un simple trabajo y tomar decisiones sensatas, su "familitis" aguda. Y cuando el tema del matrimonio se volvió más frecuente, las cosas que una vez nos unieron, me parecieron estupideces invalidas e inútiles. Las opciones eran: o te casas o lo dejas. Me daba lástima porque el niño necesitaba una tabla de salvación para salir adelante, pero si yo asumía ese papel, ví clarito que me hundiría con él. Sabía que había hecho muchísimos sacrificios por mí y que a su manera, me quería, pero no se los iba a pagar con mi destino entero. Pedí disculpas, no di detalles y me fui. No a la soltería, por supuesto, porque tu me esperabas, extendiendo la mano, del otro lado (acá hay un dicho para eso: "yo no daba paso sin huarache"). No le dije nada de tí por cortesía, como mi último gesto de aprecio, intentando salvar lo que le quedaba de dignidad.

Ahí entra nuestra historia: la tinta del Yumbina & Toloache.

Todo ese tiempo Tao me seguía rondando. Pero mi corazón estaba en Chile.

La mami empezó a sospechar: ¿Por qué había roto con ese supuesto "gran amor de la infancia" si ya habíamos hablado hasta de matrimonio, ya estaba ahorrando para las cosas de un posible nuevo hogar y yo estaba tan como si nada? Le pareció algo extraño, pero como aquel novio nunca le gustó para mí -aunque lo toleró por casi un año- no le dió demasiado importancia. En cambio Tao siempre le había parecido encantador. ¿Recuerdas que por ese tiempo estaba en un diplomado de Ingles? Entonces empecé a ir a la congregación en ese idioma para practicarlo. Sabía que Tao estaba ahí y la mamá siempre me animaba a ir. Me llegó a decir "ese muchacho me gusta para yerno". Hasta el día de hoy "se dá de topes" y maldice el día en que pronuncio aquellas palabras. Volvimos a salir juntos pero siempre en plan de amigos, acompañando a otros hermanos.

Estuve así varios meses, dándole cierta -falsa- tranquilidad a la mami hasta que su instinto le indicó que algo andaba mal. Y su nariz de sabueso (más su manía de violar la privacidad) la llevó directo a nuestras libretas y encomiendas. Tuve que decir la verdad. Toda la verdad. Que había intimado demasiado con mi novio y que al mismo tiempo me había enamorado de tí. Que sabía que había pecado y que necesitaba arreglar mis asuntos con Jehová en la congregación, pero que seguiría contigo y, si se podía, me iría contigo a Chile. Al principio me creyó loca y después se asustó. ¿Recuerdas? fue como destapar la caja de Pandora. Hasta le enviaste una hermosa carta. Uno tras otro se dejaron venir los eventos críticos. Y Tao seguía mosqueando por ahí

Llegó el día de la reunión. Las cosas fueron muy claras. Estaba mal lo que había pasado con mi novio. Pero estaba más mal lo que estaba pasando contigo porque aún estabas casado con la Gi. Si quería seguir en la congregación debía dar por terminado lo nuestro. Fue terrible. Comprendí que las cosas serían más difíciles de lo que había calculado y no había fecha exacta para tu viaje a México por la situación que había en tu casa. Pasó de todo: me acobardé, pensé en lo duro que todo sería para mi madre y del otro lado estaba la incertidumbre de cuándo se podría realizar lo nuestro.

Hubo otra reunión y se repitió el ultimatum. Aún no se tomaba una resolución. A la mañana siguiente (29/12/09) te escribí mi despedida. Esa noche tenía una cita con Tao que ya intuía sería decisiva, porque presentí que me declararía su intención de empezar algo formal conmigo y yo -en un intento desesperado por ser fiel a mis principios- le confesaría la realidad de mi situación, lo que había pasado con mi pololo y si me alcanzaba el valor, le hablaría de ti. No tuve el valor. Apenas empezó a insinuar su intención, lo paré en seco y le dije que le tenía que decir algo. Lo ví temblar... y sin darle tiempo le "solté la sopa". Pero fui cobarde (me costó un año y medio de mi matrimonio, después) y sólo le hable del pololo y de lo que estaba en juego respecto  a la congregación. Bajó la mirada y no le tomó ni medio minuto mirarme de nuevo y decir que, desde antes que le dijera cualquier cosa, ya había decidido quedarse. Otra vez, alguien iba a estar esperando por mí del otro lado del turbulento río. (Y aunque no mencionamos las palabras precisas,  esa fecha la consideramos como el inicio de nuestro noviazgo.)

No creas que no sufrí. Me partía el corazón ver tus post desgarradores en nuestro -ahora difunto- blog. Mi decisión parecía tomada, pero en mi corazón -y sin que yo me atreviera a confesármelo a mi misma- esperaba un milagro. Tu divorcio. Tu llegada sorpresa a México. Que el mundo se acabara. Puros "sueños guajiros".

Tao me acompañó en el penoso proceso de lo sucedido en la congregación. Hizo todo lo que hace un pololo tierno y genuinamente enamorado. Desde el principio fue evidente que no era como tú, nunca ha sido ni tantito como tú, pero estuvo ahí para mí y aunque no pude evitar compararlos, comprendí que era muy bueno a su muy particular manera. Le dolía ver que nuestra relación fuera prácticamente secreta por mi tropezón pero lo asumió como parte del costo de estar conmigo. Se alejó de sus amigos. Por meses no nos dejábamos ver juntos en ningún sitio público y nuestro amor se limitó a las cuatro paredes del recibidor de mi casa y al espacio semiabierto del pórtico, frente a la buganvilia que años antes, en honor al desamor, planté.

Y eso fue un gran problema.
Todo el tiempo a solas, sin salir y sin muchas cosas por hacer en una habitación de 4 x 3, era predecible hacia dónde avanzaría nuestra relación. Y entonces me contaste de Dani y ahora tú eras el que me "mandaba a la chucha" (11/06/10). Fue día terribilis. Lo recuerdo perfecto porque en la pega nos habían dado la tarde para ver el partido de inauguración del mundial en Sudáfrica y el anfitrión jugaba con México. Leí tu mensaje, lloré en el baño de la oficina. Me subí a mi moto y todo el camino de ida a casa lloré y lloré y lloré. Mi mamá pensó que algo malo me había pasado y cuando le dije de que se trataba, me ubicó en tiempo y espacio: yo te había terminado y ahora estaba con Tao (que para entonces, ya no le simpatizaba tanto). Era obvio: no me ibas a esperar, así como yo no te esperé. Me sentí ridícula y ese día desinstalé los frenos de mi corazón porque supe que ya no había esperanza. Y no pienses que te estoy culpando. El mecanismo de mi afecto por Tao junto con los cariños extralimitados ya se había echado a andar, sólo que ese día me quedé sin excusas que lo contuviera. Razones tenía (y las ignoré), excusas ni una.

Ahí, en el recibidor donde se gestó mi noviazgo con Tao, ahí concebimos a la guagua (14/12/09). (Esa noche también escribí aquella carta a mi padre, que brotó como lágrima desde mi corazón) Pesarón demasiado su virginidad de 28 años y mi efervescencia atormentada burbujeando desde mis 15 y, sobre todo, bajamos tanto la guardia espiritual, que cuando llegó "el deseo de la carne", estábamos demasiado vulnerables para resistirla y, sucumbimos. Pero todo tiene una consecuencia, y la "consecuencia" de esa noche transformaría nuestra existencia. Dice un proverbio que encontré hoy: "¿Puede un hombre andar sobre brasas sin que se le chamusquen los mismos pies?" (Prov. 6:28). Obviamente no lo planeamos y cualquier "precaución" tomada fue insuficiente. Yo solo llegué a pensar en hijos contigo y cuando tocamos el tema con Tao fue un rotundo "no, nunca". Estábamos demasiado sordos por el llamado de nuestro vientre como para reparar en otra posibilidad. Resumiendo: fuimos tontos.

Empecé a sentirme demasiado cansada, con demasiado sueño y con un dolor desconocido por todo el cuerpo. Entonces volví a hacer mis cálculosNi siquiera espere "el retraso"  Le conté a Tao mis sospechas y fuí aterrada a la farmacia por una prueba de embarazo. Encerrada en la regadera pasé los cinco minutos más eternos de mi vida (hasta ese momento). En la ventana de prueba hubo una tenue rayita rosada, y en la ventana de resultados una perfectamente definida raya rosa mexicano. Estaba embarazada. Cualquier miedo, terror, vértigo o desasosiego que hubiese sentido antes, se volvieron nada ese día. Llamé a Tao, que estaba trabajando, y al escuchar "positivo" tuvo que literalmente sostenerse de algo porque su sangre bajó de súbito hasta sus talones. Y como salido de un chiste de humor negro, recibimos como regalo por nuestro primer aniversario de novios, la noticia de mi embarazo. No miento cuando te digo que me quería morir. Las nauseas empezaron ese mismo día (29/12/10) y presas del pánico, solo atinamos a mantenerlo en secreto.

Pero el olfato de la mami para detectar mis angustias se activó otra vez y tuve que fingirme enferma. Gastritis, colitis, amigdalitis. En menos de dos meses, perdí 10kg y la mamá me confrontó de nuevo. Me preguntó hasta por mi ultimo periodo y dolorosamente, como tantas veces antes, le mentí. Le dije que me casaría con Tao, que no habría fiesta y que no quería más preguntas. Cuando me entregaron la casa que había tramitado con mi seguridad social, lo asociamos como algo a lo qué aferrarnos y un respaldo, un lugar al cual llegar si nuestros respectivos padres nos corrían de su casa; nos armamos de valor y a la primera que le dijimos fue a mi mamá. No necesité más juicio de ella que la mirada de sus ojos llenos de lágrimas que preguntaba "¿cómo pudiste hacerme esto?.. y ese día empezó a odiar a Tao.

A pesar de todo, no nos corrieron de nuestras casas pero sabíamos que teníamos que enfrentar -nuevamente- un comité (así se llaman esas reuniones). Ese fin de semana, solita porque Tao estaba en viaje de negocios, me realicé los análisis pre nupciales requeridos por el registro civil y después fui a mi segunda ecografía. Estaba en permanente angustia, mas la ilusión de escuchar nuevamente el corazoncito de mi guagua me tenía asumiendo todo con entereza. Pero en consulta, con un transductor de forma fálica urgando desagradablemente en mis entrañas, el momento de escuchar tan ansiados latidos no llegó. La gine movía el aparatejo para un lado y para el otro pero cuando hizo gesto de preocupación, inquirí. Su respuesta me heló los huesos: "No encuentro su latido y la eco muestra que hay abundante hemorragia en la zona donde está la placenta. A veces eso pasa, los embriones vienen bien y sin razón aparente después simplemente ya no están. Te daré algunos suplementos y te programaré cita en tres días. Si se repite la situación, te voy a tener que hacer un legrado." El regreso a casa fue un tormento. Le conté a Tao y se culpó por no estar conmigo en ese momento. La mami me encontró hecha un mar de lágrimas y le conté: en ese momento me perdonó todo. Era un sábado por la tarde, pero me prometió que a primera hora el lunes me llevaría con otro médico y exigiríamos una segunda opinión. Algo estaba mal porque además de mi ánimo, físicamente me sentía morir. Le rogué a mi bebé que fuera fuerte y que se quedara, le imploré que me perdonara por haber renegado antes de su existencia y le hable de todo lo que haríamos juntas si me daba la oportunidad de ser su mamá. (Ahora miro a la niña y comprendo que sin saberlo ese día sellé mi destino: un pacto eterno para con ella. Y mi pacto del "para siempre" fue primero con ella, la Victoria de mi vida, antes que con su padre) El domingo que llegó Tao, así toda moribunda, hablamos con los hermanos. Fueron muy compasivos y decidieron esperar hasta que tuviéramos noticias de la salud de la guagua y que estuviéramos casados para hacer el comité. No consideraron amoroso agobiarnos con más. Mi mamá me llevó el lunes, tal como prometió, con otro doctor. Las dos lloramos aliviadas cuando finalmente escuchamos sus latidos, perfectos. El médico nos tranquilizó argumentando que seguramente todo era propio del estrés emocional en el que estaba. Lo dedujo todo después de llenar los datos de mi historial medico y ver de reojo el moratón que tenía en el brazo por los análisis de sangre (nunca entendí el porqué del diagnóstico de la otra doctora, pero me hierve la sangre al pensar que estuvo "a un pelo" de matar a mi hija). Algo de alivio llegó. Decidimos que hasta que renunciara de mi empleo no nos mudaríamos de ciudad y los papás de Tao nos ayudaron amorosamente a acondicionar la casa donde viviríamos nuestro primer mes de casados.

Finalmente llegó el día del enlace (19/02/2010). La mamita, aunque ya me había perdonado, se resolvió a no estar presente para el matrimonio como muestra de su inconformidad ante la forma en que habíamos decidido que fueran las cosas, así como mi hermana declinó mi invitación a que firmara en el acta como testigo, por la misma razón. Nadie de mi familia estuvo allí, y lo acepté comprendiendo totalmente sus motivos. Sólo dos de mis mejores amigas me acompañaron. De Tao, fueron sus familiares más allegados, pero su madre lloró y su hermano se emborrachó, ambos bajo la excusa de la tristeza que les casusaba la boda y las condiciones en que se daba. La vergüenza me impidió que incluso a mis mejores amigas (que no son cristianas) les confesara mi embarazo, y solo una, después de la comida que pagó mi suegro para hacer menos fúnebre la ocasión, se enteró por su intuición de estudiante de medicina y por un comentario de Tao que estábamos esperando bebé. Prometió guardar mi secreto hasta que yo estuviera lista para decirle a las demás. Ese día me propuse que fuera el primero del resto de nuestras vidas y con ese pensamiento en mente, partimos a la luna de miel

Como serían de absurdas las cosas, que hasta esa noche, por primera vez -en vivo- ví a un hombre desnudo. Ni siquiera lo había visto a él y sin embargo ya teníamos una criatura creciendo en mi vientre. Esas horas componen un apasionado cuadro casi surrealista el cual forma parte de las estampas que atesoro y me detengo a recordar detalle por detalle cuando mi fe en lo que tenemos con Tao se tambalea. Ya sin culpas, pero con la ansiedad de un deseo largamente postergado, hicimos por primera vez el amor. Pero era muy temprano aún e hicimos nuestra la fiesta de "sábado por la noche" que ofrecía el hotel en la recepción y bailamos en la concurrida pista un largo popurrí de ritmos latinos, merengue y salsa. Escapando de ahí, acalorados, caminamos bajo un cielo sin luna a la orilla del mar  y aun no habían pasado  ni quince minutos cuando, solo con mirarnos a los ojos y sin decir una palabra, decidimos regresar  a la habitación y volver a hacer el amor. La arena tibia y el mar agitado podían esperar. Después oramos juntos tomados de las manos y pedimos perdón a Jehová por lo que habíamos hecho. Rogamos su guía y fortaleza para enfrentar el porvenir doloroso que escogimos sin pensarlo bien  y antes de irnos a dormir por primera vez juntos, bueno... Por fin, eramos marido y mujer. Por fin tuve un hombre para mí y me volví una mujer para alguien (sí, mujer, porque cuando contemplé mi silueta desnuda en el inmenso espejo de baño y noté mi incipiente barriga, también en ese momento sentí que me convertí en mujer). Las dosis de amor continuamos tomando devotos a la mañana siguiente, conscientes de lo que nos esperaba cuando volviéramos a la realidad después de nuestra inolvidable noche de bodas.

(Todo este tiempo no te menciono porque me sentía como enojada contigo. Desde que te conté que estaba embarazada, las conversaciones se tornaron peliagudas y sentí que se fracturó algo entre nosotros. Criticaste a Tao por embarazarme, me hablaste de que tu hacías lo mismo con la Dani y que tú, con tu experiencia (de hombre de verdad) no la habías preñado. No sé a que venía al caso, pero usaste la frase "lo cortes no quita lo caliente" y decidí sacarte, al menos por un buen rato, de la ecuación. No tenía caso seguir con esa linea y yo ya tenía demasiadas cosas en que pensar. Acaso estabas enojado tú también conmigo y una vez que renuncié al trabajo, nos distanciamos por primera vez, de verdad.)

Finalmente el comité llegó pero los resultados, aunque fueron diferentes para cada uno, nos dejaron devastados por igual: Él, con su expediente casi limpio podía seguir en la congregación, no sin antes ser amonestado seriamente. Yo, con mi historial mancillado -por mi solita- y con un patrón de pecar una y otra vez sin arrepentirme de corazón, no podía seguir. Estaba fuera. Mi influencia podía corromper al pueblo de Dios y peor aún manchar Su Santo Nombre. Cuando me dieron la noticia, comprendí la magnitud de mis actos. Comprendí cuanto lastimé a mi madre, mi familia, mis hermanos espirituales, a mi misma y a mi Dios. Otra vez lloré, como lo haría durante muchas más noches, infinitamente triste. Y ese dolor lo padeció Tao, conmigo, porque después de todo también era suyo.

Y empezó a pasarme lo que decías, la forma en que, ante el dolor, los recuerdos se desdibujan y hay como una enorme laguna negra que alberga esos días, desde finales de febrero hasta que nació la niña.

Pero conservo intacto lo bonito de ese primer mes de casados. el mes de tantas " primeras veces"; la casita que nos albergó por 30 días y que fue testigo del descubrimiento -como cachorros- de nuestra sexualidad compartida. Ahí caí en cuenta que estaba irremediablemente mucho más que enamorada de Tao y ví, en un destello de lucidez, el potencial que teníamos como pareja. Recuerdo el día que nos mudamos a la ciudad donde está su negocio, y cómo hicimos el amor entre del desorden de la mudanza, con la temperatura de un horno para hacer pan, apenas abanicados por un ventilador blanco de piso. Mientras vivimos ahí, al mismo ritmo que crecía la panza, se iban comprendiendo más nuestros cuerpos y pasamos a una dulce etapa de sesiones amorosas sin prisas, infinitamente placenteras. Nos volvimos cómplices amantes y nunca nos estorbó mi creciente barriga. Ahí, en esa otra casita, descubrí que lo amaba.

Cuando estaba a poco menos de dos meses de dar a luz, sin afán de presumir, le conté a la única de mis amigas que estaba casada cómo me sentía -tan radiante de adentro hacia afuera-, suspiró como triste y me dijo algo parecido a que sólo estaba embriagada con las mieles del sexo, pero que apenas pasara el primer año de matrimonio, todo eso acabaría, y a juzgar por su expresión, me lo estaba diciendo con pleno conocimiento de causa. La contradije y le aseguré que no sería mi caso. Dos años después ella se divorció pero todo este tiempo, "a tiros y sombrerazos" esa embriaguez, constante aunque no sin sobresaltos, es uno de los pilares que sostienen nuestra unión. Falla eso y nos falla lo demás.

Me casé embarazada, como en "un volado", pero con todos lo deseos del mundo de que al final las cosas salieran bien, apostando a favor de Tao mi completa esperanza de un futuro feliz.
El "volado" se ha echado varias veces y me alegra decir que hasta ahora, todavía no pierdo la apuesta.

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