jueves, 27 de octubre de 2016

Siempre nunca



Ayer dormí tarde, intentando comprimir el audio de mi presentación que pensaba enviarle. Pero además, a las 2:00 am aproximadamente, un individuo trató de forzar la cerradura de la puerta principal de la casa. Nos despertó el ruido. Después intentó abrir los vehículos y mi marido lo confrontó desde la ventana de la habitación. Muy descaradamente se paró justo en frente de la casa, y estuvo ahí diciendo insultos mientras mi marido cuestionaba su presencia, hasta que el hombre finalmente, decidió marcharse. Nos demoramos horas en volver a conciliar el sueño. Por eso desperté tarde, sin mucho tiempo extra pero igual, revisé mi correo: la canción más hermosa del día. Un "nosotros", perfecto, suspendido en el tiempo. Pero volvió a sonar la alarma y tenía que regresar al "aquí- ahora"... Que la niña no se ha empezado a arreglar, que había que preparar la bolsa porque toca ir al exhibidor, que no se me olvide mi teléfono para hacer cita con la terapeuta porque mi abuelita está enferma. Pero con su poema en mi buzón de correo, el día parecía pintar bien, a pesar de todo.

Regresé alegre del carrito. Me dirijí feliz a la casa de mi mamá para robarle el wifi, porque quería ver si había algún nuevo mosqueo. ¡Que historia tan diferente! un "no existe nada que sea distinto de nosotros dos" mutó súbitamente en un "la cosa no tiene mucho sentido". Apenas hace dos días, él me pedía " no abandones esto todavía". Al ir leyendo, comprendí que de nuevo estaba viviendo la escena, pero hoy no era yo la que arrancaba, sin expulsar del escritorio, el pendrive. Ya había pasado antes... Al principio, me sorprendí porque no sentí pena. De hecho, como revelación, recordé cómo en esa misma casa, hace años, sentí que mi corazón sangraba cuando me contó lo de su nuevo amor. Me desconcertó darme cuenta del cambio en mi reacción, ante un evento tan similar. Contesté lo más pronto posible, para no prolongar el suspiro contenido y que él pudiera estar tranquilo: aquí ninguna responsabilidad lo ata, él es libre.

Había muchas cosas por hacer:
La niña con hambre saliendo del colegio...
La cita de la abuelita...
No olvidar las compras del mercado...

Pero entre ocupación y ocupación, pensando:
"Se adelantó a la tercera opción"
"Esta vez él es el sensato"
"y yo que apenas iba encontrando un buen modo de querernos, sin pecar"
"ay... su estudio"

Pasando el día, los pensamientos se volvieron más agudos. Él sabe que pude haber elegido como profesión ser investigador privado, así que no demoraría mucho en ver las publicaciones de su mujer y los cambios en su foto de perfil. Vino a mi mente una teoría: Volvió la chispa de Chiloé! Los esposos se han reconciliado, y ese "amor" que me prodigó durante semanas, no era más que la urgencia reprimida de su vientre, y hoy -o ayer- que fue liberada de la forma más placentera, todo volvió a ser claro en su corazón. No necesitaba realmente lo que yo le puedo procurar, parece... Aunque la canción preciosa, con mi nombre, hoy adorne su blog.

(Lo bello no deja de ser bello, solo por no ser verdad)
(Miro su rostro en una fotografía y me cuestiono: ¿Este mes pasado, entre correos y mensajes, si quiera sucedió? ¿acaso fue real?)
De vuelta a las ocupaciones. Un par de horas más distraída en los afanes familiares, en platicar con mi madre después de semanas, recoger la cocina de la enferma y prepararle una merienda que le apeteciera. La abuela se quedó finalmente descansando en su cama. Ya de vuelta en mi hogar después de todo el día afuera y con mi hija jugando en su cuarto, sin rutinas por cumplir demasiado urgentes, vuelvo a pensar. Tal vez no sea nada de aquello que pensé.

Ta vez él tiene el valor que a mí me falta y se ha sacrificado. Tal vez su compromiso con su mujer es más sagrado que el que creo tener con mi marido. Tal vez le preocupe tanto que ponga en juego mi matrimonio... O tal vez sea un poco de todo, un mucho de nada y esté pasando lo de siempre. O siga sin pasar, lo que nunca nos pasa. "Porque nunca es la palabra santa".

Mientras escribo esto, sigo en plan muy analítico, tratando de definir mis sentimientos. "Ana  Karen, ¿qué estas sintiendo?". Y si bien los sentimientos han fluctuado entre desconcierto, duda, nostalgia, incredulidad y hasta atribuir malos motivos, puedo asegurar que no encuentro pena. Hoy, 26 de Octubre de 2016, después de todo el día de estar hurgando en mi corazón, no siento pena.

Porque yo no lo busqué porque en mi vida hiciera falta algo: amor, comprensión, pasión o sexo, que no es lo mismo. Lo busqué porque creí que de alguna manera me necesitaba y la verdad, lo echaba muchísimo de menos. Nada me falta demasiado, excepto "él". Pero, por mucho que me haga falta y a pesar de las carencias o problemas cotidianos e inherentes a la existencia, he podido extraer la savia dulce de la vida y encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, sin esperar ya demasiado de aquel "nosotros". Porque yo anhelo un nuevo "nosotros" que es posible, "primero Dios y gracias a mi fe", sin tener que estar pegados. Sin tener que ser parte de la misma tijera.

Yo cambio su nunca, por mi siempre. Y es que siempre seré su partícula lejana aunque tenga mil labores domésticas por realizar y cumpla gustosa con mi deber marital. Aunque sea madre de nuevo o aunque no vuelva a tener a la mano una P.C. o conexión a Internet. Más de una vez volveré a soñar con él y llorar un par de días por lo que no fue, para después volver a quererlo, sin sentir culpa. Siempre lo buscaré desde muy de lejos y sin hacer ruido para tener de él noticias . Siempre estaré -en la medida de mis circunstancias- si me vuelve a necesitar ya sea por unos cuantos días, unas semanas, un mes o un minuto. Siempre seré la que desearía tocar a su puerta, con la Biblia bajo el brazo.

Siempre.

Siempre es la verdadera palabra santa, y en sus cinco letras sí cabe un nuevo mundo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No me he reconciliado.
No abrí los ojos.
Simplemente necesito más
de lo que puede darme.
Me haces falta,
pero no hay más remedio.

Eres enojona.
Y un tanto injusta conmigo.

Mosca de Frambuesa!
Torta de pescado!